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lunes, 22 de noviembre de 2010

De lo cotidiano, arte.


A pesar de que muchos no somos conscientes de ello y que para otros es algo casi religioso, la gastronomía ha pasado de considerarse cultura a prepararse como arte. Forma parte de nuestra vida cotidiana y al menos 3 veces al día nos deleita con sus colores. Sin embargo, no podemos olvidar que se trata de un arte efímero, del que también se puede admirar tener “vida propia” ya que en la mayoría de los casos sufre una transformación con el tiempo. En cierto modo recuerda a los castillos de arena que artistas anónimos realizan en las playas, muy bonito, pero temporalmente coartado.
Ha sido en las últimas décadas cuando realmente se ha desarrollado la técnica en las cocinas. El sabor ya no es el único condicionante a la hora de servir el plato y, aunque en muchas cosas no seamos capaces de diferenciar que es cada cosa, finalmente nos resignamos razonando que “es arte”. ¿Realmente podemos considerarlo así? En absoluto me veo en posición de negarlo, pero sí es cierto que en ocasiones no sé si el incomprendido es el arte o soy yo. ¿Es necesario vincular todo al arte? Añoro los tiempos en que distinguía lo que me ofrecía una carta y no me daba miedo destrozar una “obra” con mi tenedor.
Tras informarme un poco he visto que no sólo hay fundaciones que tienen en cuenta este culto a la comida, como sería la Fundación Arte y Gastronomía, sino que también hay reputados cocineros artísticos, como Pepe Pintos que el año pasado llevó a cabo una exposición llamada “Simbiosis”. Otro nombre relevante en este entorno sería el del artista libanés Ginou Choueiri, famoso por realizar retratos con patatas. Como contrapunto me ha llamado la atención lo argumentado por una de las eminencias en el mundo de la cocina, Ferrán Adriá dijo que “Los gastrónomos de vanguardia somos cocineros y queremos seguir siendo cocineros, no tenemos interés en ser artistas, pero sí en dialogar con el arte”.
Independientemente de las opiniones existe una certeza, la estetización ha tomado un nuevo terreno: la gastronomía.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La belleza al extremo



En el Diccionario de la Real Academia Española se define culturismo como la práctica de ejercicios gimnásticos encaminada al excesivo desarrollo de los músculos. Se trata de una lucha constante por alcanzar lo estético hasta un punto extremo en el que, por cierto, se pierde la apariencia estética. En cierto modo recuerda a la definición griega de belleza, puesto que busca la mayor definición y simetría posible en cada músculo. Las primeras referencias históricas que se encuentran de este fenómeno que ha resurgido en nuestros tiempos son de la Grecia Clásica. Los culturistas no tienen más que fijarse en figuras escultóricas como la de Hércules, a quien se refieren siempre a la hora de hablar de su evolución.

El “ideal griego” fue traído a la modernidad por el atleta Eugen Shadow, y explotado al límite por, entre otros, el ahora gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. La valoración máxima a alcanzar por los culturistas es la de Mr. Olympia en la que los cánones a seguir, al igual que en la belleza clásica, están definidos con exactitud. No existe valoración subjetiva en este tipo de belleza, se trata únicamente y cumplir los requisitos marcados.

Walter Benjamin decía que toda obra surge a partir de un culto y, aunque en este caso no estemos hablando de una obra como tal, es verdad que se puede hablar de una motivación casi religiosa hacia el cuerpo. Se da una apariencia plastificada y los cuerpos recuerdan más a un muñeco que a un ser humano de carne y hueso. En mi opinión la estética es en gran medida equilibrio, por lo que los extremos no tienen cabida como algo estéticamente bello. Tanto una persona anoréxica como una persona culturista tiene un desequilibrio físico incompatible con la belleza actual. Por suerte hay gustos para todo, y remitiéndome a Kant salgo de este complicado terreno alegando la subjetividad de la belleza.

Max Papeschi: Adicto a la polémica

Este artista, de origen italiano, dio un auténtico salto a la fama creando obras políticamente incorrectas que han provocado una enorme polémica. Enemigo declarado contra la globalización, Max Papeschi toca temas de fuerte debate social, como serían el nazismo, la religión, el capitalismo, la guerra, el consumismo y la política. Lleva sus obras a tal extremo que en muchos casos han resultado inconcebibles, como ocurrió en Polonia con la utilización de su obra “NaziSexyMouse” en un cartel promocional para la Abnormal Gallery.

Al artista italiano se muestra muy crítico ante la ambigüedad del estilo de vida americano y sus consecuencias, y ha encontrado en el arte digital la forma de expresar sus opiniones. Nos hallamos ante un inconformista que se vale del arte para tratar de ser oído. Una de sus mayores armas es la mezcla de crítica social con personajes de Walt Disney, Los Simpsons, Padre de Familia y acontecimientos de gran relevancia; todo ello en clave humorística, o más bien irónica.

Denunciar la hipocresía comercial y ridiculizar sus iconos se ha convertido en su razón de ser. Lo que el artista quiere es crear un impacto en quien observa las obras, independientemente de que esta reacción sea positiva o negativa. La indiferencia parece ser el mayor temor del artista que con sus provocaciones roza en muchos casos el límite de lo que podemos soportar.

Papeschi reivindica que "Las decisiones sobre el destino del mundo las toman las grandes multinacionales. Es una elite del 0,00001% que dirige el planeta. A nivel nacional ya no se decide casi nada. Uso sobre todo los iconos americanos, porque son los más conocidos, pero hablo en general de la parte rica de la Tierra" y es esto lo que quiere denunciar a través de sus obras.

El tirón de este artista es una muestra más de la importancia que ha adquirido Internet, ya que se le tomó por artista incluso antes de considerarse a sí mismo de esta manera. Fueron los críticos de arte los que le buscaron y no al revés. Sin embargo es cierto que ha utilizado el inglés para titular sus obras para conseguir así una mayor visibilidad internacional.

Sea como fuere, el arte se coloca una vez más en el panorama político creando una gran controversia.

La búsqueda de la eterna juventud


Hace un par de semanas que leí una noticia tan sorprende como decadente, la conocida como “Barbie Humana” (Sarah Burge) ha comenzado a inyectarle botox a su hija de 16 años. Cómo no, la hija está encantada con la idea de evitar las arrugas y probar al fin ese famoso veneno del que todo el mundo hablaba. Dicho esto repetiré la edad de la niña: ¡16 años!
¿Tan lejos hemos llegado que no somos capaces de diferenciar entre lo estético y lo ético? La obsesión por la belleza ha llegado al extremo y da la impresión de que hemos perdido el norte en cuanto a lo que es aceptable y lo que no. Nos hemos acostumbrado a ver a niñas actuar como adultas y hasta nos ha enternecido la imagen. Sin embargo, no se ha sabido frenar definir la línea entre lo divertido y lo absurdo.
No logro comprender como tener un par de líneas en la frente y alrededor de la boca (por supuesto de expresión y no por edad) puede ser motivo de preocupación para una adolescente, hasta el punto de afirmar ser infeliz por esta razón. Su madre, Sarah, se ha sometido a más de 100 tratamientos de estética para lograr el perfecto cuerpo y cara según los cánones establecidos en la actualidad. De sobra es sabido que las modas van y vienen (el arte ha contribuido en gran medida a conocer el culto que un día hubo por la gordura), e igual que hasta ahora había estado de moda el culto a lo joven parece que las arrugas comienzan a ser motivo de orgullo. Realmente creemos saber el equivalente a belleza, pero olvidamos que es tan bella como efímera y que tarde o temprano cambia.
La Asociación Británica de Cirujanos Plásticos Estéticos junto a su presidente electo, Fazel Fatah, han aprovechado la ocasión para recordar los peligros de este paralizador muscular si no es administrado por un profesional pero no ha querido intervenir en cuanto a si es correcto o no administrarlo a tan cortas edades. Se dice que quien calla otorga y en este caso parece mostrarse pasivo ante esta excentricidad, o al menos no escandalizado.
¿Qué fue del famoso “la belleza está en el interior”?

sábado, 20 de noviembre de 2010

Lo grotesco vuelve a estar de moda


Tras ver el revuelo causado con el vestido que llevó la cantante Lady Gaga a los MTV Video Awards no puedo más que preguntarme si es que, efectivamente, vuelve lo “sublime”. El peligro de no conocer los límites es que no sabemos distinguir el momento en el que comenzamos a traspasarlos. Sinceramente, no entiendo en qué momento se decide que un vestido hecho con carne cruda pueda concebirse como algo bello estéticamente hablando.
Es cierto que, por ejemplo el cine gore, ha cosechado un enorme éxito en los últimos tiempos, como ha ocurrido con toda la saga de Saw o Hostel. Hasta hace poco tiempo entendía la moda como una fuente de belleza e inspiración, como siempre con algunas excepciones, pero creo que nunca me había costado tanto ver uno de sus productos como ahora. Lady Gaga por supuesto no entiende el problema que algunos tenemos con su atuendo, lo compara con cualquier pieza de cuero pero no se da cuenta de que ha llevado la moda habitual a un paso más.
Crear polémica y dar de qué hablar es por supuesto el fin a corto plazo más solicitado por estas obras, pero el revuelo causado en este caso ha sido apabullante. La presidenta de la organización PETA, Ingrid Newkirk, fue de las primeras en mostrarse crítica respecto al vestuario de la artista. Alegó que “No importa lo preciosa que se muestre la imagen, la carne de un animal torturado es la carne de un animal torturado”. Estas declaraciones dieron pie a la aparición de la artista en el conocido programa de Ellen DeGeneres con un bikini hecho de verduras, por el cual reivindicaba su simpatía por el mundo vegetariano.
Definitivamente es cierto que las creaciones necesitan, en la mayoría de los casos, un tiempo para que la gente se adapte a ellas. En muchos casos son consideradas “incomprendidas”, pero 23 años después de que el checo-canadiense Jana Stebak diseñara su “Flesh Dress for an Albino Anorectic” seguimos sin comprender su razón de ser. Buscarle el lado artístico suena quizás demasiado pedir para esta costura.
Sea como fuere lo banal y lo grotesco parecen instalarse en nuestros armarios.

lunes, 25 de octubre de 2010

La cerveza: todo un arte


La forma de crear obras de arte y nuevas estructuras ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Lejos quedan ya los momentos en que sólo se concebía el arte desde un lienzo y un pincel. Se ha presentado una nueva obra creada a partir de cajas de cerveza recicladas y es que cualquier ocasión es buena para transformar basura en arte.
Con motivo del 50 aniversario de la Feria Mundial de Bruselas ha visto la luz lo que algunos ya pueden calificar como el “templo a la cerveza”. Se trata de una catedral construida con 33.000 cajas de cerveza. El hecho de que ya se tome la cerveza como una religión y a este elemento como su sede me recuerda a las teorías de Benjamin Walter, en las que defendía que toda obra surge a raíz del culto. En este caso vemos que la devoción por la cerveza ha servido como punto de inspiración de esta, aunque temporal, impresionante obra.
Han sido cuatro arquitectos (SHSH) los encargados del originar este desafío arquitectónico, que busca alcanzar la fama del Atomium de Bruselas. Uno de los fines buscados era el de dar un toque de atención a la conciencia medioambiental de la sociedad. Sin embargo, no deja de ser sorprendente que lo que más preocupe a los que disfrutan la obra es que nadie sepa lo que se han hecho con los 792.000 botellines que llevaban las cajas. La atención dedicada a esta catedral se ve además reforzada por ser el mes de la cerveza, más conocido como el Oktoberfest.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La muerte como arte




Resulta complicado acotar hasta qué punto una “obra” es arte o no. El otro día salió una noticia en la que se contaba como un hombre, al que llamaban artista, había utilizado mil grillos vivos para hacer un cuadro llamado Zorba. Los insectos fueron pegados al lienzo y agonizaban hasta la muerte durante todo el día. Resultaba estremecedor el ruido y los movimientos de los grillos, hasta el punto que una de las asistentes a la exposición llevó un bote mata insectos para acabar con su dolor.
Ismael Alabado es licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y diplomado por la academia de Bellas Artes de Milán, sin embargo, a mis ojos este madrileño no es más que un maltratador de animales que utiliza como excusa a sus actos la palabra arte. La Sociedad Zoológica de Extremadura se ha unido también a esta crítica, calificando como “auténtica vergüenza” la instalación, y finalmente se logró la clausura de la exposición ese mismo día.
No conocer los límites de lo que se puede y lo que no se puede hacer, junto con el apoyo de galerías como Habana Espacio Libre, que se escudan en el arte libre y la lucha contra la censura, dan lugar a esta mezcla explosiva que sin ninguna duda traspasa cualquier tipo de justificación. El colmo es escuchar como Ismael Alabado dice que “En un principio pensaba colocar cucarachas y no grillos, pero es que las cucarachas me salían más caras”, increíble como decidir sobre la vida y la muerte de un ser puede salir tan barato.
Claro está que el objetivo de este sujeto, crear polémica en torno a la idea de lo transitorio de la existencia, está más que conseguido. La pregunta es hasta qué punto estamos dispuestos a decidir sobre la vida de los seres vivos para plasmar nuestras ideas. En sus palabras encontramos la siguiente explicación: “Lo que busco es que el espectador entienda que igual que los grillos están pegados, él está pegado a unas reglas sociales, al mundo, sin ser consciente de todo lo que se está terminando en cada instante”. Puedo imaginarme que si fuese él el pegado a un lienzo, agonizando hasta la muerte, la forma de plasmar la idea le resultaría demasiado gráfica.
Qué fácil es hablar de que cada día es el principio del fin cuando por supuesto no es de su propio fin del que se está hablando. Y mejor aún su desconsideración a la vida de estos grillos, de los que dice que “no sufren porque no están capacitados para ello”, algo que seguro comprendió que le decían los grillos en sus sonoros ruidos hasta la muerte.
Fuentes: