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La fotografía de arquitectura nunca me había entusiasmado demasiado, realmente los edificios y demás no captaban mi atención lo suficiente como para retenerlos en mi memoria durante mucho tiempo. Pero las cosas cambian, y ves nuevas perspectivas, y ahora un edificio no es para mi un montón de ladrillo bajo formas matemáticas y físicas. Puede ser mucho más, de hecho lo son. Y un ejemplo significativo de esto lo encuentro en la obra de Yves Marchand y Romain Meffre. Con su cámara, estos fotógrafos franceses, retratan edificios abandonados de una forma realmente poética y bella. Las ruinas se convierten en testigos de la evolución, del cambio. Y son unos testigos muy poderosos.
Al ver esos teatros, piensas en fantasmas, piensas en algo que perdura, en la fragilidad y en el tiempo, como explican los fotógrafos.
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